Propiedades del ajo: qué dice la ciencia sobre sus beneficios

El ajo concentra en cada diente una combinación de compuestos organosulfurados, antioxidantes y minerales que ningún otro alimento replica con la misma densidad. Sus propiedades más documentadas abarcan la salud cardiovascular, el sistema inmunitario, la acción antiinflamatoria y la regulación de la glucosa. No son creencias populares: son efectos respaldados por metaanálisis publicados en revistas científicas de referencia y recogidos por el Manual MSD.

Lo que hace especial al ajo frente a otros alimentos funcionales es que su principal compuesto activo, la alicina, no está presente en el bulbo intacto sino que se forma en el momento en que se rompe la estructura celular. Eso significa que la forma en que lo preparas determina directamente cuánto beneficio obtienes. Si quieres profundizar en cómo extraer el máximo de ese compuesto, el artículo sobre los beneficios del ajo crudo lo desarrolla en detalle.

La alicina: el compuesto del ajo que lo explica todo

Dentro de cada diente intacto, la aliína y la enzima alinasa están separadas en compartimentos distintos de la célula. Cuando el ajo se machaca, pica o muerde, ambas entran en contacto y reaccionan para producir alicina. Este compuesto es el responsable del aroma característico del ajo y del grueso de sus propiedades antimicrobianas, antioxidantes y cardiovasculares.

El problema del calor es que desactiva la alinasa antes de que complete esa reacción. A partir de los 60 °C la enzima empieza a degradarse. Por eso la recomendación práctica es clara: machacar el ajo, esperar entre 5 y 10 minutos para que la reacción se complete y consumirlo sin someterlo a temperaturas altas si el objetivo es terapéutico.

ajo pelado de Chemajos

Propiedades cardiovasculares: el beneficio del ajo más documentado

Es el área con mayor evidencia científica. Un metaanálisis de 2013 recogido por el Manual MSD demostró que el ajo reduce las concentraciones de colesterol total y de LDL en magnitudes suficientes para disminuir el riesgo cardiovascular de forma significativa. Un metaanálisis posterior de 2023 añadió que el ajo tiene efectos positivos sobre el HDL y sobre las medidas de endurecimiento arterial.

El mecanismo es doble: la alicina actúa como vasodilatador al convertirse en sulfuro de hidrógeno en el organismo, lo que relaja los vasos sanguíneos y reduce la presión arterial. Al mismo tiempo, inhibe la agregación plaquetaria, lo que reduce el riesgo de formación de coágulos. Ambos efectos combinados explican por qué el ajo lleva siglos siendo considerado un aliado de la salud circulatoria.

Efecto sobre el sistema inmunitario

Un ensayo publicado en The Journal of Nutrition en 2015 analizó los efectos de 5 gramos de ajo crudo machacado sobre los glóbulos rojos de los participantes. Los resultados mostraron una activación de genes relacionados con la respuesta inmunitaria pocas horas después del consumo, con mayor producción de células implicadas en la defensa frente a infecciones.

El consumo regular de ajo se asocia con una mayor resistencia ante infecciones respiratorias y una menor duración de los resfriados comunes. Este efecto no se observa en el ajo cocinado con la misma intensidad, lo que refuerza la importancia de consumirlo crudo o con mínimo procesado térmico.

Propiedades antiinflamatorias y articulares

Los compuestos azufrados del ajo inhiben la actividad de determinadas proteínas proinflamatorias. Un estudio con suplementación de ajo en mujeres con artritis reumatoide mostró reducciones significativas en la intensidad del dolor articular, la sensibilidad y la fatiga respecto al grupo placebo. Algunos estudios preliminares sugieren también efectos protectores frente al deterioro articular en osteoartritis.

La acción antiinflamatoria del ajo no es instantánea ni equivale a un antiinflamatorio farmacológico, pero su efecto acumulativo con un consumo regular se documenta de forma consistente en la literatura científica.

Acción antimicrobiana y antibacteriana

La alicina presenta actividad frente a bacterias, hongos y ciertos virus. Estudios recogidos por la National Library of Medicine confirman que el ajo tiene propiedades antibacterianas frente a algunas cepas resistentes a antibióticos, incluyendo Staphylococcus aureus. Su uso tradicional como antiséptico y en el tratamiento de infecciones cutáneas tiene una base química real.

El ajo también actúa sobre el tracto digestivo, donde sus compuestos antimicrobianos contribuyen a regular la flora intestinal y a inhibir el crecimiento de patógenos.

Regulación de la glucosa en sangre

Un metaanálisis de siete estudios citado por el Manual MSD mostró que el ajo reduce los niveles de glucosa en sangre en ayunas. El mecanismo está relacionado con una mejora en la sensibilidad a la insulina, lo que resulta especialmente relevante para personas con diabetes tipo 2 o con riesgo de desarrollarla. Como siempre, el efecto es mayor en ajo crudo que en ajo cocinado.

Protección frente al estrés oxidativo

El ajo es rico en selenio, flavonoides y compuestos fenólicos con actividad antioxidante. Un estudio sobre población china concluyó que los adultos que consumían ajo al menos una vez a la semana presentaban una mayor longevidad que quienes no lo consumían con esa frecuencia. Los compuestos azufrados del ajo también muestran actividad neuroprotectora, con evidencia preliminar sobre su papel en la reducción del estrés oxidativo en las neuronas, un factor implicado en enfermedades como el Alzheimer.

Tabla nutricional del ajo

NutrienteContenido por 100 gFunción principal
Vitamina C31 mgRefuerzo inmunitario y antioxidante
Vitamina B61,2 mgMetabolismo energético
Selenio14,2 µgProtección celular antioxidante
Potasio401 mgFunción muscular y cardiovascular
Calcio181 mgSalud ósea
Hierro1,7 mgTransporte de oxígeno
AlicinaVariable según frescuraAntimicrobiano, cardiovascular, antioxidante
Diente de ajo

¿Cómo consumir el ajo para aprovechar sus beneficios?

Para que el cuerpo asimile todas las propiedades del ajo, la forma de preparación es crucial. Si buscas un efecto medicinal, sigue estas recomendaciones expertas:

  • Pícalo antes de usarlo: Déjalo reposar 10 minutos tras picarlo para activar la alicina.
  • Consúmelo crudo: Incorpóralo en ensaladas, tostadas o salsas frías para mantener sus vitaminas intactas.
  • Evita los brotes: Busca bulbos firmes; si el ajo tiene brotes, su sabor se vuelve amargo y pierde parte de su potencia nutricional.
  • Integración diaria: Integrarlo en la cocina diaria es una forma sencilla de aprovechar sus beneficios a largo plazo.

El origen del ajo también afecta a sus propiedades

No todo el ajo del mercado tiene el mismo perfil de compuestos activos. El ajo importado, especialmente el de origen chino, suele llegar sometido a largos periodos de almacenamiento y tratamientos de conservación que degradan la alicina y reducen sus propiedades organolépticas. El ajo español de temporada, cultivado en zonas como Castilla-La Mancha o la comarca de Las Pedroñeras, presenta una mayor concentración de compuestos azufrados y un aroma más intenso derivado de esa mayor densidad bioquímica.

En Chemajos trabajamos desde 1994 exclusivamente con ajo de origen español, con una rotación de producción de 40.000 kg diarios que garantiza que el producto llega siempre en su punto óptimo de frescura. Si buscas ajo con propiedades intactas y trazabilidad certificada, cuenta con los mejores proveedores de ajo pelado.

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Amaya Mira

Directora de Marketing de Chemajos