Hay que vigilar, del ajo pelado, la temperatura de la cosecha. Esta es un importante aspecto que se debe tener en cuenta para que las propiedades del producto se mantengan intactas. Como esta, la cantidad de luz absorbida por las hojas y la calidad de la tierra son fundamentales. Son aspectos que establecen la diferencia entre una cosecha de ajos abundante o precaria.

Controlar el ajo pelado y la temperatura de su cosecha:

El ajo pelado y la temperatura de cosecha es un aspecto del que se quiere tratar hoy en Chemajos. Si es muy baja, afectará el desarrollo de los bulbos y el rendimiento general del cultivo. Es cierto que las plantas de ajo pueden soportar, incluso, los 0 °C en etapas de crecimiento inicial; pero para que su desarrollo sea eficiente y no pierda ninguna de sus propiedades, debe cultivarse entre los 14 y 24 °C.

El ajo tampoco puede ser sometido a cambios bruscos de grados ya que se corre el riesgo de que la planta se vuelva sumamente vegetativa. En efecto, según explican la mayoría de productores, si esta hortaliza se planta en invierno, lo más recomendable es utilizar densidad moderada.

Una temperatura correcta producirá una gran cantidad de cabezas de ajo por planta. De esta forma, el bulbo se desarrollará de manera lenta, pero uniforme. Produciendo así la inducción de la inflorescencia, lo cual parece ser un prerrequisito en las plantas más productivas.

Por tanto, la formación del bulbo de ajo es estimulada y potenciada por días largos, temperaturas moderadas y una buena calidad de luz. Esta planta es un superalimento y un realfood que debe ser vigilada con lupa durante el cultivo y el resto de procesos. Tal y como hacemos en Chemajos, siempre cuidando del alimento y de los consumidores.

Trabajando desde el minuto cero para que el ajo mantenga la fortalezca de sus propiedades y el consumidor final disfrute de un ajo pelado con la mejor calidad.